12
de
Octubre
Pierde fuerza lucha contra el cambio climático
La defensa del medio ambiente, la lucha por proteger los bosques, mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero y evitar el cambio climático, parecen destinadas al fracaso. Hasta ahora todos los esfuerzos han terminado en derrotas, patentizadas tanto por la resistencia de los países industrializados a reducir su actividad contaminante, como por los países en vías de desarrollo que prefieren explotar y dañar sus reservas naturales, inclusive afectando a pueblos indígenas originarios, como está, ocurriendo en Bolivia.
La voz de los países que exigían una lucha frontal contra el calentamiento global, en este momento suena devaluada porque no se practica lo que predica. Los reclamos de los países de la Alianza Bolivariana (ALBA) sonaron huecos en la última reunión de Panamá, para preparar la Cumbre de Durban que debe ratificar y ampliar el Protocolo de Kioto. Efectivamente, los representantes de países afectados por emisiones y principales perjudicados por el calentamiento global, volvieron a reclamar, pero ya se notó su falta de perseverancia en la línea inicial que nació en el grupo de los 77, los países africanos, indígenas y grupos ambientalistas. La posición de Bolivia en Panamá refleja el retroceso, que más que luchar por la reducción de la contaminación, parece dirigida a pedir dinero y participación en su manejo. En la reunión de Panamá, según un informe de prensa, “los países del ALBA decidieron exigir mayor participación en las decisiones y cuestionar la formación del fondo verde que pudiera ser dominado por transnacionales”.
Después de ver todo lo que está ocurriendo en el país, -con la decisión del gobierno de construir una carretera si o si, atravesando el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS); la represión a los indígenas que se oponen a que se atente contra esa reserva natural; la campaña de desinformación lanzada para alterar el significado del TIPNIS; las violaciones a la Constitución Política del Estado y a tratados internacionales que protegen a los indígenas; las violaciones a los derechos humanos de los que marchan en defensa de su territorio- se comprende que ha habido un cambio radical en la tesis de la defensa de la Madre Tierra, así como en las proclamas de reivindicación de los derechos de los campesinos y pueblos originarios.
De esta manera, todo muestra que ha perdido fuerza la lucha contra el cambio climático; las emisiones de gases contaminantes, especialmente de los que generan efecto invernadero, ha aumentado en 45% desde 1990, cuando entraron en vigor los acuerdos de Kioto. En el estado en que se encuentra el ambiente y la voluntad política de los gobernantes del planeta, la reunión de Durban del próximo mes podría resultar en otro lamentable fracaso.
La Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, Christina Figueres, al concluir la reunión de Panamá se mostró optimista, aunque el ambiente de la reunión decía todo lo contrario. La funcionaria de la ONU fundamentó su optimismo en que para la próxima reunión existen cuatro posiciones: Los países en desarrollo negocian que se acepte un segundo periodo de compromisos con nuevas metas. Rusia, Japón y Canadá insisten que no participarán. La Unión Europea está dispuesta, pero reclama de las demás economías desarrolladas un aporte comparable al suyo. Estados Unidos observa cómo puede acomodarse a esta situación, pero sigue sin firmar el Protocolo de Kioto.
Ese es el escenario para la cita de Durban, donde del 28 de noviembre al 9 de diciembre se reunirán delegados de más de 190 países en la Conferencia donde se supone que las negociaciones buscarán, en conjunto, que la temperatura del planeta no aumente más de 2 C, hasta el año 2050.
Mientras tanto, el calentamiento global derrite grandes extensiones de hielo del Ártico y Antártico, desaparecen los nevados de los Andes, la Amazonía es víctima de la mayor depredación de la historia; en Bolivia cada año se pierden 300 mil hectáreas de bosques y ahora se ataca la reserva del TIPNIS. A nadie perece conmover que solamente el año 2010, el más caliente de los últimos 130 años, se han producido 21.000 muertos en 725 eventos meteorológicos extremos, señal clara de que el calentamiento global no da tregua, y que la tierra, el hogar de todos, está en serio peligro.

